

Antes del inicio de la Eucaristía, como hacemos habitualmente, repartimos unas octavillas que son leídas en el atrio y donde se explica en qué consiste un trabajo precario o la situación de paro y qué consecuencias tiene la realización de este trabajo indigno, terminando con la llamada del papa Francisco animándonos, a comprometernos cada uno desde su realidad para que haya trabajo para todos, porque donde no hay trabajo se pierde la dignidad. A continuación celebramos la Eucaristía presidida por el consiliario y girando todo ella en torno a la toma de conciencia de las causas y consecuencias que tiene la falta de trabajo o el trabajo precario.
Cuando se pone en lugar de la primacía de la persona, el dinero, el capital, el ser humano es instrumentalizado y considerado como una mercancía más, que se puede despreciar y excluir cuando no sea rentable. Como cristianos no podemos mirar hacia otro lado y hemos de comprometernos en la construcción de un mundo más justo y más humano, donde el trabajo esté al servicio de la persona y de las familias. En todas las Eucaristías que venimos celebrando por las distintas parroquias animamos e invitamos a que se formen grupos, que conozcan y profundicen la doctrina social de la Iglesia para poder responder en coherencia con la fe, a los problemas que hoy está sufriendo el mundo obrero.
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